En una sesión de anti-gimnasia®, la palabra, la reflexión y la expresión de las sensaciones y de las emociones ocupan un lugar tan importante como los movimientos propiamente dichos.
La primera fase consiste en un test que le permite localizar con precisión, lo que de la cabeza a los pies, le bloquea y le limita. El profesional le propone colocarse en una determinada posición, física precisa, rigurosa, exigente. Una posición que se corresponde con su integridad anatómica y que requiere toda la amplitud de su musculatura. Es una posición que nunca nadie adopta, que siempre todo el mundo evita. Para lograr mantener esta posición, su cuerpo hace lo que siempre hace, pero esta vez, con una evidencia flagrante : se tuerce y se deforma. Un hombro sube, una pierna se coloca de lado, los dedos de los pies se retuercen. ¿Por qué? No porque, como se suele decir a menudo, porque a sus músculos les falte fuerza, sino al contrario, ocurre porque están acortados por un exceso de fuerza. Un formidable bloque muscular le obliga a doblarse, en el sitio, la corta la respiración, le prohíbe, en esta ocasión, con toda claridad, obedecer las órdenes de su cerebro y esta prohibición ya no podrá ignorarla.
En la segunda fase de la sesión usted entra en contacto con cada uno de sus nudos musculares, los mismos que le prohibían moverse y le empledían desplegarse con elegancia y permitir a su musculatura tomar toda la amplitud natural de sus movimientos. Hilo a hilo, fibra a fibra, suavemente, pacientemente, tranquilamente, empienza a desenredar la tan complicada madeja de su musculatura. Progresivamente, a lo largo de las sesiones, su cuerpo aprende a desbaratar las trampas en las que se había encerrado. Se alarga, se apoya y encuentra su verdadera longitud, su belleza natural, su calma por fin.

