¿Qué es la anti-gimnasia®?

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Practicar la anti-gimnasia® es emprender en un viaje a travès de su propio cuerpo y su historia. Usted descubre cómo, a lo largo de su vida, su cuerpo se ha ido organizando, protegiendo, adaptado sutilmente. Aprende a tener una percepción y un conocimiento de su cuerpo más intímo, más exacto, más autónomo.

Alcanzar nuevos territorios

Cada sesión de anti-gimnasia® supone la oportunidad de descubrir, redescubrir, o despertar nuevas zonas de su cuerpo. Al principio, cuando intenta mover ciertos músculos, estos le resultan tan ajenos, ¡que ni siquiera sabe dónde está la palanca que los pone en marcha! Pero, poco a poco, una nueva conexión se establece entre ese músculo desconocido o ignorado y su cerebro. Su vocabulario muscular se desarrolla, se enriquece. Usted explora nuevas posibilidades de movimiento

Recuperar la amplitud natural de sus movimientos

A lo largo de las sesiones usted mismo, usted misma, aprende a deshacerse por sí mismo de un montón de crispaciones, rigideces y dolores musculares y articulares, que le cansan, le acortan y frenan sus impulsos. Sus movimientos y su respiración recobran su amplitud natural.

¿De dónde viene la palabra
anti-gimnasia®?

Thérèse Bertherat, que creó la anti-gimnasia durante los años 70, eligió el término anti-gimnasia® en la época de la anti-psiquiatría. No es que menospreciara la gimnasia tradicional, pero consideraba que ciertos movimientos, por ejemplo aquellos que exigen forzar la inspiración o echar la columna hacia atrás para despejar la caja torácica, no hacían más que empeorar los problemas del diafragma y de la columna vertebral.


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Thérèse Bertherat, creadora de la anti-gimnasia®, presenta su método

« Se nos dice que hay que fortalecer el cuerpo, que hay que sudar y transpirar. Entonces, para estar en forma, uno monta en su bici, se cuelga de las espalderas, se sofoca haciendo jogging o empuña las pesas. Lo que habría que hacer, lo primero es abrir los ojos y tomarse la molestia de mirar nuestro cuerpo para entender cómo funciona » escribe Thérèse Bertherat en El Cuerpo tiene sus razones.