



Los movimientos propuestos durante las sesiones son precisos, rigurosos y extremadamente respetuosos con el cuerpo y la fisiología de cada persona. Son también variados, creativos, divertidos, a veces sorprendentes, hasta puntualmente desconcertantes.
Usted hace los movimientos a su ritmo, en función de lo que le es posible hacer en ese momento, y sin buscar rendimiento alguno. A veces es incluso más interesante “fallar” en un movimiento y descubrir lo que su cuerpo aún no puede hacer, lo que no se atreve a hacer, o lo que ha olvidado cómo hacer.
Para sentir mejor los efectos de un movimiento, puede empezar trabajando sólo un lado de su cuerpo. Esto le permite observar las sutiles diferencias de sensación con el otro lado, el cual aún no ha hecho nada. El lado que ha trabajado le parece estar, de repente, mucho más cómodo, más vivo, más presente y más receptivo. Entonces sólo tiene un deseo: ¡“hacer” el otro lado!
“Tiene usted un tigre en su espalda, un tigre potente, astuto, muy hermoso a la vista ”, escribe Thérèse Bertherat en su libro La Guarida del Tigre. El tigre son todos los músculos situados en la parte posterior de su cuerpo, formando una cadena sin fisuras, sólida y coherente.
Si le duele la espalda, no es, como amenudo se le imagina, por falta de fuerza, sino al contrario, por un exceso de fuerza: los músculos de su tigre trabajan demasiado. Están tan apretados, tan contraídos, que impiden moverse a los músculos delanteros. Los movimientos propuestos en cada sesión alargan y estiran su tigre.

